Versión electrónica del “comercio tradicional a domicilio”

El estado de alarma al que llevamos sometidos desde hace un tiempo en España para frenar la expansión del Covid-19, no sólo ha obligado al comercio tradicional a tomar medidas de seguridad sanitaria (la utilización de guantes y mascarillas, el mantenimiento de 2 metros de distancia física con el cliente o un control de aforo) sino también, a realizar un sobreesfuerzo en cuanto a garantizar el abastecimiento de diferentes productos a millones de hogares.
Muchos comercios tradicionales han tenido que reinventarse e instaurar o reforzar la venta a domicilio para evitar su cierre.

La avalancha de llamadas y pedidos online, debido al confinamiento que hemos vivido, ha tenido como consecuencia la puesta en marcha o el refuerzo del servicio de reparto a domicilio. Las redes sociales, el teléfono o incluso el WhatsApp han servido de nexo de unión entre vendedor y cliente como alternativa al suministro de compras en la mayoría de los hogares.

Pero es curioso contemplar que quizás lo que, a priori, nos parece que puede ser más novedoso y, en ocasiones más complicado de aceptar para las personas de cierta edad - ciudadanos más vulnerables a esta pandemia y que por lo tanto utilizan hoy en día este tipo de comercio para evitar contactos y aglomeraciones- probablemente no lo sea tanto. Este tipo de comercio de proximidad ya se practicaba hace muchos años y con el tiempo se perdió.

Actualmente, algunos lo están recuperando. Por ejemplo, no es raro encontrar ofertas de frutas y verduras que nos llegan a casa directas de la huerta, de forma semanal, con la selección que nosotros hacemos a través del teléfono. Pero este tipo de servicio, que de algún modo tenemos como recuerdo de nuestra infancia, en la actualidad lo podemos extrapolar a diferentes sectores.

Muchos somos los que mantenemos en nuestra memoria como nos traían la comida y las medicinas a casa; o incluso la ropa para probárnosla y después devolver aquella que no nos valía. Por lo tanto, en cierto modo podemos considerar que el comercio a domicilio ha regresado de nuevo; obviamente adaptándose a los avances y a las tecnologías de las que hoy podemos disfrutar y beneficiarnos. Por ejemplo, ahora no es el chico de los recados quien nos hace llegar lo que hemos pedido, sino los transportistas y repartidores que tienen un papel fundamental en la perfecta entrega. Aunque todavía existen comercios que practican este tipo de venta de forma tímida a través de mensajes del móvil o del teléfono fijo, cada vez son más los que tienen instaurado el comercio electrónico a través de su página web y redes sociales.
De esta manera dan un paso más allá: consolidan los clientes que ya tienen y llegan a otros nuevos.

Hoy en día la tipología de clientes no es la misma que hace 40 años y por eso los comerciantes han implementado herramientas que permiten a las personas obtener una comunicación más cercana con el establecimiento. De este modo, hay una mejora de atención al cliente y son los avances tecnológicos los que le sirven de acompañamiento en la compra online. Sin duda y teniendo en cuenta que vivimos en un escenario completamente diferente, la fidelización del cliente es un objetivo primordial en el comercio electrónico, igual que lo era en la venta tradicional.

Pero, respecto a aquella época, no solamente existe la diferencia del escenario. El proceso de adquisición de un producto también es distinto, en gran parte gracias a la tecnología. En la compra online, entre otras ventajas, el cliente puede observar todo un catálogo de productos sin moverse de casa y esta comodidad ha influido incrementando del número de ventas, y por tanto y como consecuencia de ello, el comercio tradicional se ha ido reinventado.

Desde hace algunos años el modo de entender la compra y la venta ha cambiado, pero ha sido durante este confinamiento por la crisis del Covid-19 cuando la mayoría de las personas hemos dado un paso más y asimilado el comercio electrónico como algo cotidiano. Probablemente, dentro de la nueva normalidad, la opción de la compra a domicilio tendrá muchos más adeptos, incluso aunque tengamos que pagar algo más.

Es evidente que, en muchas ocasiones, resulta mucho más sencillo para el cliente comprar desde su hogar, pero, además, el comerciante podrá obtener una gran recompensa con este tipo de venta. Si se organiza bien, los clientes demandarán productos de forma regular con lo que los costes serán menores y se podrán planificar mejor un mayor número de pedidos.

Está claro que después de la crisis sanitaria y social que nos ha tocado vivir nada será exactamente igual y, por tanto, tampoco las características generales del comercio.

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